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Packer creció como anglicano y cantaba los salmos en la iglesia desde temprana edad. A pesar de que había oído por años cómo los Salmos eran para orar, Packer admitió que le tomó casi veinte años de ser un creyente convertido y maduro para realmente entender cómo eran modelos de oración.

¿Por qué es esto problema, especialmente para alguien como J. I. Packer, que tenía una mente tan brillante y un trasfondo lleno de los Salmos? Packer reflexionó en ello y registra dos razones por las que luchó con los Salmos en su libro sobre la oración. Así es como su coautor lo describió:
En primer lugar, los salmistas, al ser poetas, se saltaron los pasos lógicos y presentaron sus ideas más como flores en un arreglo que eslabones en una cadena, y como J. I. tiene una mente lineal, como la de un abogado, esto le molestaba.
Segundo, los salmos muestran una intensidad concentrada, desinhibida, casi feroz en la forma en que dicen —o más bien gritan— su ¡auxilio!, y sus ¡gracias! Esto era algo con lo que el calmado control interior de J. I. no podía lidiar.
Parte del problema de Packer era entender el género literario de los Salmos, y la otra parte era cómo los Salmos chocaban con su propia personalidad.
Más adelante, Packer se dio cuenta de que había una razón más profunda por la que luchaba con los Salmos. Esta razón más profunda era que, a pesar de que él podía explicar muchos aspectos de la oración a la gente, según su coautor: «él a duras penas conocía de manera experiencial lo que realmente significaba orar con todo su corazón».
Orar con todo nuestro corazón es realmente la esencia de los Salmos.
Ver la enseñanza: Orando los Salmos (Video)



