
Este artículo es un fragmento de la enseñanza Obstáculos para orar en el curso Ora la Biblia (ver el curso en YouTube). Para profundizar en el tema, lee capítulo 3 de Cuando orar es una lucha.
La culpa aleja a las personas de la oración de dos maneras principales. La primera es la culpa por pecados pasados, donde algunos piensan que necesitan estar limpios antes de acudir a Dios en oración. La segunda es sentirnos culpables por nuestra vida de oración en particular.
Un adecuado entendimiento del evangelio nos ayuda a ver cómo nuestra culpa puede ser una motivación para orar, en vez de ser un obstáculo. Después de todo, ¿no es el Señor Jesús quien nos invita a orar “perdónanos nuestras deudas” en el Padre Nuestro? Esto significa que Dios no solo espera que oremos para pedir perdón, sino que no podemos ser cristianos fieles sin orar esta petición.
Me encanta lo que dice el puritano Thomas Brooks:
“Es la lógica del diablo argumentar así: mis pecados son grandes, por lo tanto, no iré a Cristo…mientras que el alma debería razonar así: mientras más grandes sean mis pecados, más necesidad tengo de misericordia, de perdón, y por lo tanto iré a Cristo, quien se deleita en la misericordia, quien perdona el pecado por causa de Su propio Nombre”.
¿Alguna vez has caído en la lógica del diablo? A mí me ha pasado. Pero tenemos gran esperanza en el evangelio. Hebreos 4:15-16 (NTV) dice:
“Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”. (NTV)
Jesús se compadece de nuestras debilidades porque Él experimentó la tentación por sí mismo, Él la entiende, Él salió victorioso sobre el pecado y Él es lo suficientemente poderoso para ayudarnos en nuestra debilidad. La conclusión lógica de esto es que podemos acercarnos al trono de la gracia “con toda confianza”.
Y, ¡cómo me gusta que este pasaje menciona “cuando más la necesitemos”, es decir, en un momento de necesidad! Dios sabe que tenemos necesidades y promete satisfacerlas en Cristo. Jesús conoce tus peores pecados, aquellos que te avergüenzan más y los ha cubierto con Su sangre.
Así que, si te sientes culpable o avergonzado por lo que has hecho (o lo que has dejado de hacer) en tu vida, ¡felicitaciones! Estás en un momento de necesidad y tienes un Salvador que tiene misericordia y gracia para tu necesidad.
Mientras aprendemos a llevar nuestros pecados a la cruz, debemos hacerlo con gran humildad y cuidado; no olvides que Cristo dio Su vida por tus pecados. No queremos una simple confesión que trata la gracia de Dios de una manera barata.
Por lo tanto, llora por tus pecados, examínate a ti mismo a la luz de las Escrituras, pídele a Dios que te ayude a odiar tu pecado. Confía en la gloriosa promesa de Dios que dice:
“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
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